La décimo tercera ola

¿Qué que hacia mientras no estaba contigo? Buscarte.

¿Alguna vez buscado algo en el mar? los remolinos de agua causados por las olas levantan la arena y no puedes ver nada, palpando con los pies es complicado pero aun puede dar algún resultado, aunque cuando crees que has encontrado algo y te sumerges, lo vuelves a perder. ¿Cómo buscar algo en el mar entonces? La respuesta es muy sencilla. No puedes.

Déjate llevar. Deja que tu cuerpo se balancee con el oleaje, suelta tus pies de la arena. Solo así aparecerá aquello que mas deseas. No te rindas, pero tampoco lo fuerces.

Así apareciste. Buscándote pero dejándome llevar por mi instinto, por el tuyo… por las mareas de amor y pasión, de soledad y tristeza. ¿Sabéis que la décimo tercera ola es la mas alta entre las demás? Esa ola es la que cogí. La que me abrazo. Con la que no tragué agua.

Ahora duermes a mi lado. Le has dado tantas vueltas a mi vida como tu dormida en la cama. Ahora eres tu a la que abrazo estando triste, alegre… en cualquier estado. Tu eres a la que le muerdo el culo mientras gritas, la que miro cuando crees que no te hago caso, a la que le sujeto el pelo cuando vomitas por pasarte con tu vodka negro, a la que susurro “te quiero” cuando estas profundamente dormida… Pero tu también tienes la culpa. Tu eres la que me hace sonreír, la que me anima cuando me abraza la tristeza, la que me grita cuando soy un imbécil, porque a veces lo soy, la que me hace viajar, sentir, disfrutar de cada momento contigo… Así somos nosotros. Unos melosos pegajosos, de esos de los que nos quejamos tanto. Unos borrachos de amor. Noches de vodkas y cervezas sin que falte una cachimba. Bebidos, fumados, drogados de amor… malditas esas noches que no nos dan tiempo a llegar al dormitorio.

No estas solo

¿Alguna vez has sentido que no estas seguro? ¿Qué alguien viene a por ti por la mera y única razón de ser quien tu eres? ¿Has sentido ese miedo? Si es así, he de decirte que nunca jamás volverás a ser el que eras.

Mucha gente no sabrá como te sientes, ni tu mismo en ocasiones lo sabrás. Tendrás dudas de ti, de tu mundo, de todo aquello que haces.

No encajas, temes que nunca lo harás. Estás solo. rodeado de gente pero solo. rodeado de desconocidos que únicamente quieren joderte y reírse de ti. ¿es duro, verdad? Desconfías de todos porque no sabes de donde vendrá el siguiente golpe. Ni que lo causará.

Ojala te pudiera decir que es porque tu pelo es diferente al de los demás, porque tus gustos no encajan, porque eres distinto, porque eres mejor que ellos… solo ten claro una cosa, si soportas esto, por supuesto que eres mejor que ellos, por supuesto que eres más fuerte.

Sé lo que es aguantar tormenta tras tormenta, quedarte bajo la lluvia y soportarlo todo. Sentirse solo. Sentirse completamente inútil y ser aquello que nadie quiere. Se lo que es quedarse completamente sin fuerzas, llorar de impotencia. De estar rodeado de gente que no te comprende y que nadie te ayuda. Los demás no harán nada por el mero hecho de no ser ellos mismo el blanco, por salvarse su propio culo, sin contar que ya que todos lo hacen, ellos harán lo que hacen los demás, pura imitación. También habrá gente que animará a esa persona, despreciables todos, que odias tanto que la podrías matar… y a decir verdad, esa ira no acabará, seguirá en ti, formará parte de ti, para recordarte que no te acomodes, que no bajes la guardia, porque en cualquier momento, podrías necesitarla.

Es triste, muy triste, que gente baje la cabeza y no ayude a aquellos que lo necesitan sin saber las consecuencias que ello tiene. El no ayudar pudiendo… el no pedir ayuda… pero se que no pedirás ayuda, lo se, nadie te puede ayudar pensarás, estás solo… pero no es así. nunca lo ha sido. Te sientes así pero no lo es.

No te puedo dar muchos consejos, lo siento, se fuerte, lucha si es necesario. Y busca a ese alguien que de verdad te ayude. Búscalo. Donde sea.

 

Miedo

Miedo no es el monstruo

que sale de tu pecho,

el que se hace invisible

o emerge de las profundidades,

miedo es el tú perdido.

 

Miedo es llorar por creer que ya no te amo,

miedo es no saber cuanto durara mi felicidad,

y aun peor, la tuya.

Miedo es tenerte cerca

y que sea yo la causa

de que te vayas, de que me dejes.

Por imbécil, por ser el yo que era.

 

 

 

 

 

 

Vampire

¿Qué es lo que te detiene para saciar tu ansia más intensa? ¿Qué es aquello que sujeta tus pies al frío suelo sin dejar que caigas una y otra vez en la oscuridad? ¿Por qué detienes tus instintos? ¿Para que no continuas con tu naturaleza?

Una y otra vez estas preguntas surcan mi mente. ¿Por qué lo hago? Aún no lo sé. Quizá quiera sentir la poca humanidad que me queda o tal vez sea un anhelo por recuperarla. Se lo que soy, se lo que siento, también se que el resto desconoce mi naturaleza aunque ya me cuesta ocultarlo en mi mirada. Conforme la oscuridad cae, oigo los latidos de cada una de las personas que se cruzan en mi camino. Puedo escuchar como recorre la sangre por todo su cuerpo, llamándome, gritándome que la succione hasta dejar aquel cuenco de vida vacío de tal manjar. Siento el cambiar de mi naturaleza, siento el crecer de mis colmillos… y siento como todo, a excepción de mi codiciada presa, desaparece.

Tal vez no tenga salvación, tal vez ya esté condenado por los siglos de los siglos vagando solo, viendo como muere todo aquello que me rodea, sin poder probar bocado ni saciar mi sed con agua o vino… tan solo sangre. Sed de sangre. Mi vida por la de los demás. ¿Tan importante es mi vida que han de pagar el resto de mortales tal precio? ¿O tan vil fuí como para verme convertido en la muerte, en el recolector de almas que jamás verán el cielo?

No sé lo que soy. Sólo sé lo que necesito, lo que quiera y desee ya no existe… ni el amor ni el saborear una buena comida, ni siquiera el placer de yacer con una mujer hermosa… solo sangre, cuanto más fresca y joven mejor. ¿Qué he de hacer? Si deseo perderme en mi sed se que jamás seré el mismo ni tampoco podre volver a serlo, algo en mi desaparecerá, me dejara vacío como yo a mis presas. Pero, ¿Por qué he de continuar con mi humanidad, la poca que ya me queda, sufriendo por ella, si no tengo a nadie con quien compartirla?

Demonios nos llaman, diablos, monstruos… no creo que seamos tal cosa, tan solo estamos perdidos. Dicen que aun estando perdido, encontraremos el camino. No es verdad. Nosotros, los perdidos, no encontraremos jamás el camino por nuestra parte a menos que nos detengamos. Aquellos que no se han detenido han ido sembrando dolor y muerte por aquellos parajes donde vagan. Si ese es mi camino, jamás daré un paso más, jamás morderé una vida para saciar una sed llena de odio y maldad. Aquí me detengo ante mi sed, le digo al diablo, al ser que me revivió, que jamás seré uno de sus hijos. Dicen que me devolviste la vida, pero únicamente me diste más muerte de lo que hombre puede acarrear sobre sus hombros. Jamás beberé del tal maldad, jamás seré aquello que teman los hombres, jamás caminare un paso más para disiparme en la oscuridad… a menos que ya este perdido.

Tiemblo

Tiemblo por conocerte tumbada,

asomado a tus piernas

quedado atrapado en ellas.

Orando plegarias por sentir

los abismos que nacen

y montañas que surgen.

 

Tiemblo por conocer

aquellos lascivos cuerpos que se golpean

incrustándose el uno al otro,

deshaciéndose la garganta a punto de gritar:

ahora, más… más…

 

Tiemblo por conocer

el sudor que espolvorea el aire,

el dibujar de mis dedos finas curvas en tu cuerpo

como el acariciar de una pantera buscando,

lamiendo, olfateando… sacando las uñas

para al final clavarlas,

penetrando en ti.

 

Tiemblo por conocer

el recorrido de tu cuerpo con mi tacto,

sentir el batir de tus alas de mariposa

llegando al cielo y clamar libertad.

 

Tiemblo por conocer

la presa que se abre,

irrumpiendo el agua

que inunda nuestros cuerpos,

nuestra habitación,

nuestro mundo.

 

Tiemblo por conocernos,

unidos, el fuego con fuego

que habita en nuestra piel,

saboreándote, dulce como la miel,

rodando por un desierto de sábanas,

gritando en un concierto de silencios.

Y todo acaba con un grito, con un suspiro.

 

Temo, temo por seguir imaginando

y tiemblo, tiemblo porque me conozcas tumbado.

Canción de Hielo y Fuego

Parecía un día más, un día en los que no ocurre nada. En los que te vistes sin prestar atención, no te peinas y si siquiera sabrías decir el color de tus calcetines. Y así, sin quererlo, ni haberlo predicho, alguien apareció en un día cualquiera. Curiosa la pregunta de quien es o será nuestra persona especial. Y como un descanso en una interminable búsqueda de ese alguien especial, una persona, de la que jamás sabremos si en realidad era o no la especial, apareció. Entre la multitud de la gente, allí estaba ella.

Recuerdo que aquel concierto fue en una noche fresca de otoño, una brisa ondeaba las hojas que poco a poco se iban dejando llevar por el viento, comenzando su viaje desde los árboles hasta un suelo martilleado por el paso del tiempo. Aquella brisa acariciaba los largos cabellos castaños que chocaban melodiosamente con sus hombros y su pecho. Me coloqué junto a ella, en primera fila, sin saber muy bien qué hacer. Observando como aquellos instrumentos ejercían la magia que hacia impulsar nuestros cuerpo el uno junto al otro. Nuestras manos se rozaron. Aquellas manos tan pequeñas estaban heladas, tan frías como un montón de hielo en medio del océano, preparado y dispuesto para chocar contra un gran navío. Nos miramos. Quizá fue el frío de sus manos el que choco contra el calor de las mías los que provoco aquella reacción física que produjo nuestro primer cruce de miradas.  Y entonces, el barco chocó.

Las miles de luces que nos iluminaban de tantos colores como cartas tiene una baraja no impidió que observara su pequeña gama cromática de sus ojos. Poseía los mismos colores que su pelo, marrones tan oscuros como el chocolate, a la vez que dulces, colores caoba tan suaves como el terciopelo… todo milimetricamente repartido para crear una composición hipnotizarte a par que bella. Al igual que no podrían contarse las estrellas del universo, sus cientos de colores se repartían por sus redondo y brillante iris.  Junto a una mirada cariñosa, una mirada en la que dejábamos ver como éramos tal cual, sin preguntas ni respuestas, añadió una sonrisa. Fue en ese momento cuando la música dejo de sonar, por lo menos para mí. No pude evitar corresponder su sonrisa pero rápidamente me volví para continuar actuando ver un concierto de instrumentos que se movían en silencio, artistas que creaban un arte que no podía percibir… en ese momento no tenía ni ojos ni oídos para ellos. Intentaba mantener la vista fija en aquel sordo espectáculo pero no podía. Mis ojos, al igual que una brújula, volvían a mirar de reojo a aquella desconocida que acaba de tocar.

Note algo en mi mano. El mismo frío que anteriormente sentí al rozar su delicada mano, subía lentamente por mis dedos hasta extenderse por el dorso de mi mano. Pudiera ser que aquella sensación fuera el recuerdo abrumador de aquella tímida mano, tal vez fuera un grito de mi mente para girarme y sentirla de nuevo durante más tiempo, el suficiente como para fusionarnos, ardiendo ella y helándome yo. Pero no era así, en realidad fue su mano la que se coloco sobre a la mía, su frío volvía a producir aquella inolvidable sensación. Le cogí la mano, decidido, volviéndola a mirar a los ojos. Ambos necesitábamos mas, nos los susurrábamos con nuestra mirada. Ambas manos se entrelazaron derecha con izquierda e izquierda con derecha. Juntos. Mirándonos. Sin música en medio de aquel ruidoso concierto. Sin luces en medio de tantos focos luminosos. Solos en medio de tanta gente.

“Volé alto… y tan alto que al final lo encontré” así decía la canción que en aquel momento que sonaba tan lejana para ambos. Tal vez aquella búsqueda había terminado el día en que decidí darme un respiro… quizás haya que vivir dándose siempre un respiro, dejando aparecer lo que más buscamos sin correr tras aquello que deseamos. Volamos alto. Aquella noche volé, pero no volé solo.

Collige, virgo, rosas

Y ahora que se acerca el fin solo pienso en aquellos momentos que estuvimos juntos, en aquellos momentos en los que podía ver aquellos ojos tan verdosos como el frondoso bosque que me rodea. Recuerdo tu aroma como el olor que produce un campo lleno de rosas, recuerdo tu pelo, rizos dorados que caían como una interminable cascada dorada. Sueño con aquel momento en el que nuestras manos se junten y nuestros corazones se alineen.

¿Pero que tengo y he tenido? Tengo mi soledad aferrada como una espina en mi garganta clavada, la tengo, la siento y la odio. Maldigo aquel día en el que te perdí, en todo aquello que mis palabras dijeron y en lo que sentía mi corazón. Tal vez nunca te tuve, tal vez nunca te tendré… pero al fin te dije lo que sentía, por fin te dije la causa de mi enfermedad, la causa de mi agotamiento… la causa de todos mis males. Te amo. Te amo como el sol a las estrellas, te amo como aquella abeja que buscaba un sutil pétalo en un campo de hermosas y coloreadas flores.

Te amo sin medida, te amo sin mentiras. Lo susurro, lo digo, lo grito.

No sé cómo acabara esta historia, no sé cómo acabara este relato digno de cualquier sueño que despertamos al caer, de hermosas criaturas mitológicas de cabellos de serpiente, de pasiones envenenas por amores dormidos y sobre todo de un amor sin medida capaz de traspasar hasta la ultimas de las fronteras.

Y disfruto de este mal… porque quien sufre de amor, padece de locura.